sábado, 12 de abril de 2008

Cuando molesta el cartero



En las últimas semanas Argentina se convirtió en un hervidero de tomas de posición... en una pseuda batalla entre gobierno y "productores" agropecuarios...
Argentina... siempre tan afecta a las discusiones retóricas, donde "todo vale" para desconcertar al interlocutor, se mueve entre medias verdades y silentes especulaciones y mucho humo...

En principio los actores protagónicos de este paso de comedia (de a momentos un Teatro de Revistas más patético que los ofrecidos por Wanda Nara en Carlos Paz) tienen por un lado a:

1.a- Un Presidenta impresentable, por su origen... no sometida a elección interna alguna, puesta en candidata por la obra y gracia del dedo de su marido, revalidada en una elección general bastante oscura... donde la misma se dedicó a hacer campaña en el exterior, hablar en actos para el "aparato" partidario... y "coronada" finalmente en "Reina Kristina I" de Santa Cruz, por un 42 % de los votos... primer mmmmm dudoso. Más de la mitad de la Argentina no la quería como Presidenta... mmmmmmm
1.b- Dos acólitos insoportables para la "opinión pública" medio, corto y largo pelo... Moyano y Delía... convertidos en "guardia pretoriana" de los intereses populares... mmmmmmmm
Los mismos que se encargan históricamente de reventar todo lo que haya por izquierda en sus gremios o grupos piqueteros... mmmmmmmmmmmmm
1.c- Un ex montonero devenido en legislador cool "Dante Gullo" convertido de la noche a la mañana en "sobrio defensor de la Reina Kristina I de Santa Cruz" mmmmmmmmmmmmm

2.- Un conjunto variopinto de espécimenes rurales que va desde la tristemente célebre Sociedad Rural y sus patricios apellidos cheeeeee hasta la Federación Agraria (aquella, si si... la misma que en los 80 estaba con Humberto Volando creando la primer "Izquierda Unida" ¿Se acuerdan de Vicente -Néstor- y Zamora?)... todos espantados porque el Estado les aumenta la platita que deben dejar luego de exportar soja... mmmmmmmmmmmmmmm

En este marco, se cuela luego del "rápido y dudoso" (corramos a cosechar) levantamiento del paro cuando amanecía el desabastecimiento... una nueva discusión: ¿qué rol cumplieron los medios masivos en este conflicto?...
Y ahora sí... qué bueno!!! pero zasssssssss (y no hablo de Miguel Mateos precisamente) aparece diciendo que hay que salir del monopolio Clarín... Luis Delía......
Ahhh noooo, Así NOOOOO!!! Carajo, Mierda!!! diría la Chiqui Legrand... ¿quién le puede creer a ese monigote barra brava?... ¿se puede discutir seriamente con ese interlocutor? claramente no...
Pero pensemos dos segundos... ¿lo que dice Delía no es real?.... por qué entonces lo plantea él y no por ejemplo... Martín Caparrós!!!
Porque a Martín Caparrós todos lo escucharían con atención y muchos le creerían... Pero claro, si yo fuese el Productor Ejecutivo de "A dos voces" (TN, Grupo Clarín) me conviene toda la vida darle pantalla para que la imagen que ilustre la sentencia: hay que salir del monopolio Clarín, sea precisamente Luis Delía...

Por último... che Fernando Peña sos un sorete al comenzar una entrevista con Delía diciéndole, "vamos a una nota de color... de color negro"... luego de eso bancate si es necesario que te digan Puto del Orto si se le ocurre... cosa que Delía no hizo... aprendé sorete!!!!!!!!

miércoles, 19 de marzo de 2008

Batato que estás en mi cielo!!!

Anoche soñé con vos... y me moría de ganas por verte deambular mostrando tus flamantes tetas...
Batato querido, sólo te encontré así... de cuclillas, recitando Lejanía...

http://www.youtube.com/watch?v=dB-HmxkPIGI

sábado, 15 de marzo de 2008

Mi Mundo es un Patio

La Tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño

Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio.
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio.)

A veces cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.

Y entonces digo: "El mundo
es algo más que este patio
y las losas terribles
donde me voy gastando"

Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del ríoque ciñe mi cadalso.

"Es la vida", me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho...

Pero es soñar despierto.
(Mi reja es el costadode un sueño que da al campo)

Amanezco, y ya todo- fuera del sueño- es patio:
Un patio donde giranlos hombres sin espacio.
¡Hace ya tantos siglosque nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!

Yo ya creo que todo-fuera del sueño- es patio.
(Un patio bajo un cielode fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos.)

Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo
hasta el sueño- es patio.

Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón que tienela forma gris de un PATIO.
(UN PATIO DONDE GIRAN
LOS HOMBRES SIN DESCANSO)

Marcos Ana

Marcos Ana es el seudónimo del poeta Fernando Macarro Castillo.
Nació en 1921 en una familia de campesinos españoles. Nada más comenzar la guerra civil decidió alistarse en las filas republicanas, pero era demasiado joven, de modo que tuvo que esperar hasta 1938 para hacerlo. El final de la guerra se acercaba y él no pertenecía al bando de los vencedores, de modo que se retiró a Alicante. En su puerto se refugió esperando la llegada de un buque que los rescatase, pero este no llegó y fue apresado por el bando franquista. Su destino fue un campo de concentración de Albatera, donde estuvo pocos días, pues pronto escapó. Pero fue nuevamente detenido y condenado a muerte. Fue encarcelado en el penal de Burgos, y a la espera del cumplimiento de su condena sufrió palizas, insultos, hambre, frío, períodos de incomunicación y vejaciones. Pero siempre fue el valiente compañero que alentaba a la resistencia. Resistencia que atambién organizaba: mantenía correspondencia, burlado toda la seguridad de la prisión, con exiliados republicanos; organizaba obras de teatro, a escondidas de los funcionarios, en la prisión; realizaba, siempre en la más absoluta clandestinidad, homenajes a la República; organizó una biblioteca de "libros prohibidos" que burlaban todos los controles y que lograban entrar en la prisión...
Además, en estos largos años durante los que permaneció en la cárcel, se aficionó a la lectura de los clásicos. En la poesía encontraba una vía de escape, y en la década de los 50 comenzó a escribir sus primeros poemas, y lo hizo con el seudónimo de Marcos Ana. Y gracias a ellos, aunque Fernando Macarro estuviera encerrado, su voz no lo estaba. Una voz que llamaba a combatir la Dictadura con la palabra y que hacía un llamamiento a la liberación de los presos políticos. Y que encontraba cobijo entre los intelectuales exiliados que vivían fuera de nuestras fronteras, y los que se quedaron y callaron sus voces y sus corazones. Éstos, junto con Amnistía Internacional, pidieron su liberación, y la consiguieron en 1961. Claro está que esto no le permitió vivir en su país añorado, y tras permanecer varios años en París, volvió a España en 1986.

sábado, 1 de marzo de 2008

Derrumbe avisado

El centro de Córdoba se transforma nuevamente en esa postal caótica, mientras el Intendente inaugura un nuevo periodo ordinario de sesiones del Concejo (nunca entendí por qué la "c" en lugar de la "s", pero es así -notificación para puntillosos custodios de la ortografía popular-) Delirante (éste es un error adrede)... madres y padres encorsetados en la actitud de "responsables de la educación de sus hijos" anegan las librerías y papelerías de esta colapsada city.
Podemos al pasar escuchar frases del tipo "ojalá que la maestra este año no pida muchos libros... mirá querido que caro que están... qué espanto éste está a $ 36!!!!", mientras muestran las grasas salientes de sus musculosas con un tostado Carlos Paz... donde pasaron unos días e invirtieron $ 70 en ver a Wanda Nara y otros iguales en ver al "Flaco Pailos"... también observamos el pujilato de un púber con su madre respecto de la "mochila" de moda y el dinero que su madre negoció en el lecho nupcial con su padre para invertir en el porta "cosas" sobre la agredida espalda del jovencillo.
Mientras este desembolso desenfadado para la escuela se experimenta con una angustia sólo cotejable a un Viernes Santo (para un creyente), me es imposible olvidar las rosagantes miradas populares que insuflaban hace apenas 2 meses las cajas de los comercios de ropa, indumentaria, supermercados, hipermercados, megamercados, supramercados y éstás mismas personas salían brillantes, descaradamente jubilosas, con la utopía de las Fiestas de Navidad y Fin de Año...
Desde la memoria selectiva de estas imágenes que bombardean mi frita mente educacional... no puedo más que entrar en una depresión excesivamente profunda, concluyendo en que para estos padres ¿es más importante un lechón adobado que la posibilidad de que: esa cosa que trajeron al mundo pueda expresar sus ideas con algo de claridad, comprender, un poquito apenas, qué es lo que pasa a su alrededor, quien dice... por allí ganarse la vida con alguna habilidad adquirida?
Y ante la pregunta inevitable... ¿para qué los mandan al Colegio?:
Aventuro respuestas:
- Para no pagar una niñera
- Para ahorrar un pesos en el almuerzo de esta termita.
- Para que le den zapatillas
- Para que aprenda a hacer algo y no tenga que mantenerlo hasta viejo.
- Para que cuando sea viejo/a me mantenga a mí (después de todo, armé un hogar sólo por eso)
- Todas son correctas
- No pienso tener hijos... soy gay (de paso mido otra cosa)
- No se qué es la Escuela
- No se qué es un hijo
- No contesto, estas cosas se hacen pero no se dicen.

Esta es una realidad clara de cómo funciona el sistema educativo en la Argentina del Siglo XXI.
Por favor... contesta la encuesta...

domingo, 24 de febrero de 2008

¿Un año más?



Esta larga y tan denostada tradición... pero poco abandonada, práctica humana de festejar el aniversario del natalicio de la gente, siempre ocupó en mi vida un punto controversial.

Recién el año pasado, huyendo de todo y de todos... en la soledad más absoluta pude comprender cabalmente la dimensión de su significado...

Para alguien con tendencia a sentirse "raro" como yo, era sumamente cómodo el masajeador del ego, de andar por la vida buscando gente "freak" para construir un mundo que en su excentricidad, escondiera celosamente una soberbia egocéntrica repugnante.
A partir de comenzar por poner mi propia personalidad en tono crítico, pude comenzar a desandar una transformación individual dolorosa, pero gratamente sana: limpiar mi vida de esta clase de insectos "chupasangre".

A partir de ello también pude comenzar a reconciliarme con la "vida real" y realmente se duerme mucho más tranquilo. Sintiendo en la gente "simple" esa franqueza que los "copados" adolecen... gente que no sale de joda los domingos porque laburan de lunes a viernes, gente que los domingos al mediodía visita a su familia, que en los cumpleaños te hace sentir que está contenta porque existís en este mundo, que cuando se enoja... te lo dice y no se hace la superada, que no necesita dar abrazos ridículos "como en una clase de expresión corporal" en público... porque en su sencillez tienen pudor, gente que tiene miedo de sobresalir, que dice cosas comunes, que respeta la inteligencia pero está alerta al corazón, que adora los niños y los humildes...

Esa gente es la que el viernes por la noche, sin torta, ni regalos exóticos.... me hizo sentir uno de los seres humanos más afortunados y queridos del planeta... para ellos mi gratitud...

Para los otros... sólo mi piedad, para que no sufran tanto en la vida... después de todo son humanos... fingidos, en pose, afectados, falsos, caretones, especuladores... pero humanos al fin...

lunes, 11 de febrero de 2008

De Rusia, con amor


Esos cuchillos curvos. Dos extrañas armas filosas que protagonizan la escena más comentada de Promesas del Este. Entran en pantalla en manos de dos sicarios de la mafia chechena; los hombres de negro que atacan a Nikolai (Viggo Mortensen) en un baño turco, produciendo un par de las muy pocas pero muy intensas sangrías del relato. La escena no tiene ni la espectacularidad ni la estridencia de ninguno de los muchos arranques de violencia física de –por poner un ejemplo reciente y contundente– Los infiltrados, de Scorsese, pero sí encapsula en unos pocos minutos varios de los temas de esta película sobre la mafia rusa en Londres. Por un lado, es la escena en la que Nikolai expone abiertamente los tatuajes que cubren su cuerpo, cada uno de ellos una historia y un dato sobre su origen y su identidad, cada uno de ellos, un punto que une su pasado carcelario con su presente como mano derecha del “príncipe heredero” de la organización criminal en el exilio. A la vez, en la elección de las armas se expresa algo del orden del honor criminal, de la fuerza de los códigos y la tradición sobre la que se asienta el dominio de Semyon (el actor alemán Armin Mueller-Stahl), patriarca ruso en la capital inglesa. No hay armas de fuego en la película; asesinar con armas blancas implica involucrarse de manera directa con el contrincante, estar ahí, en el cuerpo a cuerpo. Es, en palabras del director David Cronenberg, “algo muy íntimo y perverso: matar a alguien con cuchillo implica sentirlo, olerlo, escucharlo respirar”.
Y en cuanto a las cosas horribles que uno se imagina que puede infligirle a la carne la breve curvatura de esas navajas, Cronenberg insiste en que no se trata de sofisticados instrumentos turcos ni nada por el estilo, sino de sencillos cortadores de linóleo; herramientas comunes de oficios perfectamente nobles. Pero apenas aparecen, ya estamos en pleno terreno Cronenberg: involucrarse con las marcas, las deformaciones y aberraciones de la carne humana es lo suyo, como lo son todos los instrumentos cortantes que suele haber en sus películas y que parecen diseñados con precisión quirúrgica –incluso cuando se trata de herramientas ginecológicas– para el sadismo.
Esta es, como casi todas en la obra de Cronenberg, una historia en la que las historias quedan escritas en los cuerpos de los personajes.

Un baño de sangre
Promesas del Este empieza con los dos momentos más sangrientos de la película. El primero es un degüello narrado en un primer plano sostenido, imperturbable, de una estilización seca. Su importancia está más allá del impacto rojo sangre: el que blande la navaja letal es el hijo un poco bobo de un pequeño capomafia. La escena nos introduce de cabeza en el género de la película, pero por encima de todo nos habla del mandato, de la estructura jerárquico-hereditaria que es central a este submundo. Aunque el verdadero asalto a los sentidos viene inmediatamente después, con una adolescente embarazada que se desangra y se desmaya al ingresar a una farmacia en busca de ayuda. Estamos en vísperas de Navidad: la chica muere en una sala de parto, pero el bebé se salva. La partera de guardia, Anna Ivanovna (Naomi Watts, cada vez más humana y creíble), se queda con un pequeño libro que la chica llevaba consigo; un diario personal que revela una historia de tráfico sexual en la que se involucra directamente a Semyon y a su hijo y a la comunidad mafiosa rusa en Londres. Y a Nikolai, el hombre a cargo de deshacerse de algunos de los trapos muy sucios de la familia. Aunque sus raíces son rusas, Anna es inglesa y no habla el idioma de sus antecesores. Enterados del contenido del diario, su madre y su tío le advierten que en sus páginas hay asuntos y personas peligrosas, gente “que no tiene nada que ver con ellos”. Miembros de la hermandad criminal del “Este” localizada en Inglaterra tras el fin de la Unión Soviética.

La zona muerta
Semyon, su hijo Kirill y los demás jefes de la camorra soviética pertenecen a lo que se conoce como vory v zakone, algo que en la película aparece traducido como “criminales de ley”. Se trata de un sistema de “responsabilidad colectiva” con un firme código que se opone firmemente a, entre otras cosas, que sus miembros trabajen, y cuyo origen se remonta a los campos de prisioneros del estalinismo. Semyon y los suyos encarnan la estirpe contemporánea de esta fraternidad, producto del caos económico y político, la incertidumbre, el vacío de autoridad y el abandono en que se sumió la URSS a principios de los ’90, con el final de la Guerra Fría. Se cree que muchos de los jefes actuales de la mafia rusa son los cuadros del ejército rojo y ex oficiales de la KGB que quedaron boyando sin rumbo ante la brutal reducción de las fuerzas militares y de inteligencia. Algunos emigraron, perseguidos durante el comunismo, pero otros habrían salido del país cuando el viejo régimen cayó y debieron generar –con la Europa oriental desbandada– nuevos negocios.
Semyon intercambia adolescentes por costosas cajas de cognac con las que agasaja a los clientes de su restaurante y a los otros jefes criminales. Restaurante de tópicos tradicionales –un músico interpreta “Oci ciorne” ante una concurrencia de ancianas rusas–, El Transiberiano condensa el sueño de revivir la Madre Patria en el extranjero. El alma rusa aparece pintada como esa cosa insondable, teñida de fatalidad. La gran tragedia, de aires clásicos, de Semyon radica en ser un rey cuyo hijo no es un digno príncipe heredero. Se dice por ahí, tal como le comenta tímidamente Nikolai, que Kirill es homosexual, toda una desgracia tratándose del único en la línea de sucesión. La tragedia de Nikolai es otra, que se irá develando parcialmente y por capas: el hombre, que exhibe un raro sentido del humor y cierto encanto soterrado, lleva los distintos capítulos de su vida marcados en sus tatuajes. Un aporte del propio Mortensen al guión original del inglés Steve Knight –el guionista de Negocios entrañables, la película de Stephen Frears sobre el tráfico de órganos en Londres–, a partir del libro Tatuajes criminales rusos y un documental sobre el tema, La marca de Caín, a los que recurrió en su investigación para el personaje y con los que hipnotizó a Cronenberg. De traje oscuro, con un andar mecánico y tranquilo, y ese increíble peinado parado, entre punk y rockabilly, se define enigmáticamente diciendo: “Estoy muerto desde los 15 años. Ahora vivo eternamente en La Zona”. La canción que se escucha mientras se desnuda ante el consorcio de venerables rusos que habrán o no de aceptarlo en su fraternidad es un tema tradicional llamado, cómo no, “Esclavitud y sufrimiento”.

Una Navidad normal
Promesas del Este es una película de mafia que habla, como casi todas las películas de mafia, de honores deshonrados, de venganzas y de violencia, pero que se centra en un tipo de violencia muy específico. Una violencia antigua, perteneciente a un micromundo perdido en el tiempo –todavía sumido en la tradición, en los mandatos–, pero ubicado geográficamente en uno de los mundos más modernos posibles (mientras la película era filmada, no muy lejos del equipo de producción la policía registraba la zona en la que había sido envenenado el ex agente de la KGB Alexander Litvinenko y buscaba rastros de polonio). Y si parece que esta película no pertenece al universo de su director, es un parecer apenas epidérmico. Bajo esa piel fácil de rasgar se oculta –como señala el crítico Jim Hoberman en su entusiasta reseña para el Village Voice neoyorquino– uno de los grandes temas de Cronenberg: la normalidad. En las películas de Cronenberg la normalidad es lo deforme, lo mutante, lo monstruoso; y en Promesas del Este las monstruosidades del tráfico sexual y la prostitución forzada son moneda corriente en la Rusia londinense. Una monstruosidad cotidiana cuyos cadáveres pueden hacerse desaparecer normalmente, como si nada extraño hubiera sucedido, en el Támesis; y en la que todo lo que anda mal debe acabar mal. Pero por una vez se interpone, como un milagro navideño, esa partera sensible y con los pies firmes en la tierra, que consigue cortar, aunque sea una única vez, con ese mandato criminal proferido por el tambaleante Kirill, según el cual “los hijos de los esclavos sólo pueden ser esclavos”.
No debe confundirse con un súbito rapto de optimismo de parte de Cronenberg: la virginal adolescente muerta al principio habrá de seguir inexorablemente muerta al final. Que es un final con una resolución aparente pero en rigor abierto, con una sucesión en la corona criminal pero también una sombría incertidumbre acerca de si algo habrá de cambiar realmente después. Es decir, el pequeño milagro de un nacimiento justo a tiempo, pero el presagio de más finales violentos para el futuro. Lo más cercano a una película de Navidad que nos haya ofrendado hasta ahora David Cronenberg.


Por Mariano Kairuz


Fuente: Suplemento Radar del Página 12 del 10 de Febrero de 2008

martes, 29 de enero de 2008

28


Por Mariana Enriquez


Heath Ledger hizo una película importante en un momento en que las películas pueden ser bochornosas, excelentes, divertidas u horribles, pero rara vez importan. Todo el mundo tuvo algo que decir de Secreto en la montaña de Ang Lee: algunos gays la detestaron porque, creían, era otra historia trágica que reforzaba el estereotipo del gay sufrido; otros la amaron porque celebraba un amor, digamos, tenso y viril, alejado del estereotipo de gay payasesco y festivo; otros la despreciaron por pasada de moda; otros la canonizaron por denunciar los crímenes de odio. Olvidando especificidades de género, hay gente que no puede ver Secreto en la montaña sin llorar y convulsionan de congoja ante la ya mítica escena de la camisa —y la ahora paradoja de los papeles cruzados—. Pero hay quienes la ven como una película fría y decorativa; no son los mismos que la desprecian por emotiva, en estos tiempos en los que términos como intensidad o melodrama casi tienen connotación exclusivamente negativa. Porque provocó y obligó a pensar, Secreto en la montaña marcó una época: es imposible ignorar que se estrenó en medio de la polémica en el mundo occidental por el matrimonio gay, y que esos cielos límpidos de Wisconsin que filma Ang Lee son los mismos que vio antes de morir enredado en un alambre de púa, boca arriba, Matthew Sheppard, el joven gay asesinado a golpes que se convirtió en el rostro de la muerte por intolerancia en el interior de Estados Unidos.
Heath Ledger fue el rostro de la película, el que encarnó la complejidad y la impotencia mucho más que su compañero Jake Gyllenhaal. La nostalgia de Secreto en la montaña es la de añorar lo que nunca jamás sucedió: esa vida compartida de Jack y Ennis, ese amor completo que uno pide todo el tiempo —porque sabe que no sobra el tiempo— y el otro no puede, no sabe cómo dar. Es parecida la tristeza que impregna la muerte de Heath Ledger, que estaba a punto de ser una estrella y al mismo tiempo un actor respetado y versátil con I’m Not There de Todd Haynes (donde hacía a uno de los Bob Dylan) y The Dark Knight, la segunda parte de la saga de Batman de Christopher Nolan, interpretando a un Guasón joven y perturbado.
“La muerte de River Phoenix ha sorprendido y deprimido a todos los que conozco, incluso a muchos que hasta el momento habían despreciado al estrellato cinematográfico como una forma de hipnosis de masas producida por las corporaciones... Todos decimos que esto es raro. Raro que esté muerto, raro que nos importe tanto.” Esto escribía Dennis Cooper (el autor de la novela Contacto) en enero de 1994 en su columna de la revista Spin, dos meses después de la muerte de River Phoenix, un actor con el que Heath Ledger tiene bastante en común, empezando por el nombre excéntrico (¿qué clase de padres bautizan Heathcliff a su hijo?); también el antecedente de película-mito (Mi mundo privado), la preocupación por hacer una carrera seria, el favor de los directores talentosos, un perfil lo suficientemente bajo como para que sus excesos quedaran lejos de la vista del público, y la incuestionable belleza física. Pero Phoenix murió antes que Kurt Cobain, y aunque pasaron pocos años, quedó del lado de los tiempos más inocentes. A Ledger le tocaron años cínicos, los de la década del ‘90 y después: por ejemplo, nadie rezonga porque se vio por todas partes, en fotos gigantes, la imagen de su cuerpo saliendo del departamento en una bolsa negra, ¡si hay medios que ya tienen escrito el obituario de Britney Spears!
Pero sin embargo en estos días se cruzaron mails de gente que se sentía inesperadamente triste, tocada. O personas que se acercaban y decían pobre y qué lástima y qué raro, pero sobre todo qué pena, porque parecía uno de los buenos y de los llenos de gracia, uno que podía crecer y, aunque hiciera la divertidísima Corazón de caballero, no convertirse en Jude Law o Clive Owen o Ralph Fiennes o Josh Hartnett por nombrar a sólo tres o cuatro de las decenas de actores sin alma, porque movía los brazos con timidez en las entrevistas y tenía un encanto bien varonil, tosco en los bordes, de voz gruesa pero de sonrisa desarmante, porque era un chico provinciano (de Perth, Australia, la ciudad más aislada del mundo) que no parecía consentido, porque parecía mayor que su edad, maduro para sus años (28), porque no siempre, pero seguro a veces, en la pantalla, aquí y allá, aunque fuera sólo una ilusión, daba la impresión de que podía ser uno de los portadores del fuego perdido.


Fuente: Suplemento Radar - Página 12, Domingo 27 de Enero de 2008.